El Proyecto ROAMER ha puesto sobre la mesa las necesidades de investigación en salud mental en Europa

Dr. Josep María Haro, coordinador del proyecto ROAMER
CIBER | miércoles, 29 de junio de 2016

El proyecto europeo ROAMER (A Roadmap for Mental Health Research in Europe) ha permitido trazar la hoja de ruta para la investigación en salud mental en Europa, señalando seis áreas prioritarias que pueden tener un gran impacto en la atención sanitaria y suponer un ahorro de costes importante en la próxima década. En este estudio, el mayor realizado hasta el momento sobre cómo la ciencia debe abordar el reto que supone la salud mental en la UE, han colaborado más de 1.000 investigadores, pacientes, familiares y grupos de profesionales de todo el continente. ROAMER ha sido coordinado por el CIBERSAM, con el doctor Josep María Haro como principal responsable.

-¿Cómo está actualmente la investigación en salud mental en Europa?

-Si tuviera que decir una sola cosa al respecto, lo primero que diría es que está infrafinanciada. Se dedica muchísimo menos dinero del necesario, atendiendo a todos los criterios objetivos que se suelen usar para determinar las necesidades de financiación de la investigación en salud.

En primer lugar, el primer criterio que suele tenerse en cuenta es el impacto que tienen esas enfermedades en la salud de la población. En este sentido, el estudio Global Burden of Disease ha visto que más del 12% del impacto en la salud de todas las enfermedades corresponde a trastornos mentales –en Europa estamos incluso por encima de esa media-, y eso sin tener en cuenta el impacto de la comorbilidad que sabemos que también es altísimo. En cambio, sólo el 6% del dinero que se dedica a investigar en salud se dedica a salud mental.

El segundo criterio es si se sabe lo suficiente sobre esa enfermedad. Y, en este punto, realmente es necesaria la investigación porque no tenemos tratamientos efectivos al 100%.

El tercer criterio se fija en cómo evoluciona ese impacto. Y lo que hemos visto en el mismo estudio (Global Burden of Disease) es que en los últimos 20 años el impacto ha aumentado un 40%.

Por otra parte, otro criterio es saber si hay grupos de investigación que puedan dar respuesta a esto. Y tenemos que decir que sí, porque la productividad de los grupos de investigación en psiquiatría y salud mental es alta, algo que podemos ver perfectamente en el ejemplo del CIBERSAM.

Por tanto, bajo todos los criterios, la conclusión es que está infrafinanciada.

-¿Es ésta la razón de ser del proyecto ROAMER?

- El proyecto ROAMER era necesario para poner de relieve las necesidades de investigación en salud mental. Empieza a tomarse conciencia de que los grupos de investigación en este campo son grupos potentes, y de que se pueden hacer muchas cosas, pero pienso que la Unión Europea necesitaba un cierto espaldarazo para llevar a cabo políticas activas en este sentido. Esperemos que el proyecto ROAMER tenga una influencia en revertir esta situación de falta de financiación. Pienso que ahora hay una conciencia de la necesidad de invertir en investigación en salud mental. Y, en parte, de esa conciencia es fruto del proyecto ROAMER, que ha permitido crear una hoja de ruta para la investigación en salud mental en Europa. La propia convocatoria europea para este proyecto es una muestra de que este es un tema que preocupa. Ahora bien, de momento esta mayor sensibilidad no se ha traducido aún en un gran incremento de la financiación.

-¿Qué datos manejan sobre el retorno que supone la investigación en salud mental?

En Gran Bretaña, RAND hizo un estudio para ver cuál era el retorno de la investigación en salud mental en relación al retorno que suponía la investigación sobre otras patologías. Lo comparó, por ejemplo, con las enfermedades cardiovasculares, que tienen enorme impacto en la población. Por cada libra que se invertía en enfermedades cardiovasculares, el retorno anual era de 39 peniques; mientras que, en salud mental, el retorno era de 37. Es decir, la rentabilidad de investigar en salud mental o en otras áreas es muy similar.

Es claro que, cuando se ha invertido en psiquiatría, hemos sido capaces de desarrollar tratamientos que son efectivos. Por ejemplo, a pesar de que la prevalencia de la depresión ha ido en aumento, también vemos que los tratamientos que se han desarrollado durante los últimos 15 años han conseguido una recuperación en un porcentaje muy alto de pacientes. Y aún hay margen de mejora, porque aproximadamente un tercio de las personas con depresión no responden al tratamiento. Pero sí que es cierto que el retorno ha sido alto.

-¿A qué cree que se debe esta peor situación de la investigación en el área de la salud mental?

-Hay un gran estigma social sobre estos trastornos. Gran parte de las personas que los padecen –ahora menos, pero aún es así– tienden a esconderlos. En el cáncer y ahora en las enfermedades raras ha habido movimientos civiles muy potentes para aumentar la inversión en investigación. En cambio, en las enfermedades mentales, en parte por este estigma, ha habido menos reivindicación en este sentido. Pongo un ejemplo: en Gran Bretaña, por cada libra que el Gobierno destina a investigación en enfermedades, las charities (ONG’s) donan 2,7 libras. En psiquiatría, por cada libra que el Gobierno británico invierte –y hay que aclarar que, junto a los países nórdicos, es el que más invierte de toda Europa–, las ONG’s dan 2 peniques.

Creo que el estigma aún está detrás de todo esto. Hemos de dar la vuelta a este estigma social para que realmente las personas puedan decir que padecen enfermedades mentales y entre todos podamos luchar contra ellas.

-¿Cómo se ha desarrollado el proyecto ROAMER?

-Durante tres años y medio hemos conseguido la participación de más de 1.000 personas y entidades. Hemos juntado a investigadores profesionales, psiquiatras, otros médicos y médicos de atención primaria, psicólogos, personas con trastornos mentales, familias, políticos, neurocientíficos… Hemos trabajado conjuntamente con personas de todos estos campos para priorizar las áreas donde habríamos de invertir en salud mental. Y lo que hemos hecho es un proceso de análisis de la situación y de consenso para llegar a unas conclusiones y unas recomendaciones a nivel europeo.

¿Qué prioridades para la investigación en salud mental a nivel europeo ha identificado este proyecto?

Nos hemos concentrado en seis prioridades: la primera, la investigación en la prevención de los trastornos mentales, y el tratamiento en la infancia y la adolescencia; la segunda, intentar comprender los mecanismos causales de los trastornos mentales y desarrollar nuevos tratamientos; la tercera, fomentar las redes europeas de investigación y el compartir bases de datos; la cuarta, aumentar la participación de los pacientes y sus familiares en la investigación, no sólo como sujetos de análisis sino también intentando incorporar sus visiones y sus prioridades; la quinta, la utilización de las nuevas tecnologías; y la sexta, conocer mejor cuáles son las dificultades de que los tratamientos que se ven como efectivos puedan llegar a toda la población.

-¿En qué plazo podrán desarrollarse esas prioridades de investigación?

-Este es un plan a diez años. Nosotros hemos hecho el trabajo técnico-científico. Dependemos ahora de que las autoridades tengan voluntad política. Y ya sabemos que en esto influye también el que la sociedad civil empuje para que los responsables políticos hagan cosas.

-¿Qué beneficios traerá abordar estas prioridades que se marcan?

-Muchísimos. Las enfermedades mentales son el grupo de enfermedades con mayor crecimiento de su impacto. Por tanto, en primer lugar, investigar sobre ellas mejorará mucho la salud de la población. Por otro lado, sabemos que estas enfermedades tienen un gran impacto en la productividad social: la primera causa de baja laboral en muchos países son las enfermedades mentales. Y en tercer lugar, no sólo nos hemos de enfocar a las enfermedades, sino también al bienestar mental.

-¿Qué fortalezas conjuntas tienen los sistemas de investigación europeos de cara a la mejora de la investigación en salud mental?

-Tenemos infraestructuras. Tenemos redes de investigadores a nivel europeo que deben potenciarse muchísimo (en algunos países, como España o Inglaterra, contamos con redes que integran a grupos de investigación muy potentes). Tenemos también un sistema sanitario que nos permite obtener muchos datos y muestras de pacientes. Es decir, contamos con una serie de fortalezas y una ventaja relativa de Europa respecto a otras partes del mundo.

- El proyecto ROAMER ha destacado la importancia del desarrollo y mantenimiento de redes de investigación interdisciplinares y bases de datos compartidas, ¿es CIBERSAM un ejemplo de ello?

-Totalmente. En otros países están mirando también la experiencia del CIBERSAM. Por ejemplo, en Alemania se ha hecho recientemente una convocatoria para crear una red de investigación. El ejemplo del CIBERSAM, que ya era bien conocido, ha sido todavía más conocido gracias al proyecto ROAMER.

-¿Se ha recorrido ya algún camino desde la presentación de estas prioridades de investigación que marcaba ROAMER?

-Los primeros resultados del proyecto ROAMER se han presentado hace un año, y hemos continuado con la divulgación en los últimos meses. En la convocatoria europea siguiente, la investigación en salud mental infanto-juvenil fue uno de los temas publicados. Y ahora iremos viendo en las siguientes convocatorias los temas que vayan saliendo.

-Dentro del CIBERSAM, usted también coordina la Biblioteca de Instrumentos en Salud Mental y Discapacidad, ¿qué está aportando esta plataforma?

-En psiquiatría, tenemos que evaluar el estado mental de las personas, y esto se hace habitualmente a través de lo que las personas nos dicen. Para esto, hemos de tener unos cuestionarios, unos instrumentos, que nos permitan de una manera objetiva evaluar el estado mental del paciente. Lo que hace esta biblioteca es, precisamente, poner a disposición de la comunidad científica todos los cuestionarios, inventarios y escalas que hay en el área de salud mental. Y, además, lo que intentamos hacer es que no sólo estén disponibles, sino también aportar cuáles son sus datos de validez y dar un juicio experto sobre la utilidad que pueden tener en cada uno de los casos. Además de ello, tenemos un servicio de consultoría en el cual podemos contestar preguntas. Pensamos que está teniendo muy buena acogida y el número de accesos a esta plataforma está aumentando.

-¿En qué campos está centrando su investigación actualmente?

-Estoy trabajando en la epidemiología de los trastornos mentales y la epidemiología del envejecimiento.

Cuando hablamos de trastornos mentales en personas mayores, solemos pensar sólo en demencias. Pero, en cambio, los mayores sufren también depresiones, ansiedad… y además tienen muchos factores de riesgo: dificultades económicas, pérdida de familiares, la propia debilidad física… Es decir, presentan una mayor facilidad para los trastornos mentales y, sin embargo, se le está dando poca importancia a esto y parece que sólo se da importancia a las demencias.

Nosotros estamos estudiando ahora cuál es el impacto del envejecimiento en la salud mental y cómo podemos conseguir que la gente envejezca con mejor salud mental. En este sentido, estamos en un proyecto europeo que acaba de comenzar y que se llama (Ageing Trajectories of Health: Longitudinal Opportunities and Synergies), cuyo objetivo es juntar bases de datos de estudios epidemiológicos, reuniendo datos de más de 400.000 personas que se han seguido durante muchos años, para estudiar qué hace que una persona envejezca de manera saludable. En este proyecto, mi grupo se va a centrar en los trastornos mentales. También participan otros dos grupos del CIBERSAM, el de Jose Luis Ayuso y el de Fernando Rodríguez Artalejo.